China y sus patentes ¿un arma de política internacional?

China y sus patentes ¿un arma de política internacional?

Diario Financiero

China y sus patentes ¿un arma de política internacional?

Columna de Rodrigo León, socio.

Hace unas semanas, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual publicó su informe anual con una serie de estadísticas, una de ellas, sobre el número de patentes de invención solicitadas el año 2017. Esta cifra es uno de los factores que se consideran a la hora de levantar indicadores de innovación de un país, empresa o institución científica.

En este reporte llama particularmente la atención el enorme salto que está dando China en el ámbito del patentamiento, siendo por lejos el país más importante en número de solicitudes.  Como ejemplo la Oficina China de patentes (CTPO) recibió el año 2017, 1.381.594 solicitudes, seguido muy de lejos por Estados Unidos con 606.956, Japón con 318.479, Corea del Sur 204.775 y la Unión Europea con unas decepcionantes 166.585 solicitudes. Pero estos números deben ser analizados en más profundidad: del total de solicitudes chinas solamente un 9.8% son de empresas e instituciones extranjeras, el resto son solamente chinas ¿Por qué sucede esto? pueden existir dos factores que lo expliquen. El primero, la enorme apuesta del gobierno chino en el patentamiento, mediante la inyección de una gran cantidad de recursos a sus las empresas, universidades y centros tecnológicos. Por ejemplo, la Universidad que más solicitudes de patentes ha presentado es la Universidad China de ZHEJIANG, el año 2015 presentó 2.754 solicitudes, el mismo año, la Universidad de California, la más activa en Estados Unidos, solamente presentó 739.

Pero existe también otro factor, que muchas veces no es fácil de distinguir: China sabe que la tecnología tiene una dimensión política, como todo en la vida, y es por eso que busca, a través de un verdadero escudo de solicitudes de patentes, impedir el ingreso a su país de tecnología extranjera monopólica, llenando de patentes de “papel” (es decir sin reales efectos tecnológicos) que busquen bloquear el ingreso de patentes americanas, japonesas o europeas.

Que la guerra comercial entre China y occidente haya terminado no es claro, más aún, lo probable es que la real guerra comercial, la que implica la dimensión política y tecnológica, este recién empezando. Lo anterior queda en evidencia con los continuos reclamos norteamericanos contra el país oriental en temas de propiedad intelectual, particularmente, por la violación de patentes y secretos industriales americanos. Un ejemplo reciente de dichos conflictos quedó en evidencia con los cargos judiciales pronunciados contra la directora financiera del gigante chino Huawei, Meng Wangzhou, en Canadá, por posibles infracciones a secretos industriales; nadie duda que Estados Unidos estaría detrás de dicha operación. Más allá de estos conflictos recientes, es evidente que la relación China – Occidente va por caminos complejos, en que la tecnología como arma política tendrá cada vez más relevancia.

China tiene muy claro su plan estratégico de política internacional, en este las patentes y tecnología serán un foco más a considerar en una disputa internacional que seguirá adelante y cuyas consecuencias afectarán a todos, incluido Chile.

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